lunes, 27 de septiembre de 2010

DAME MIL BESOS y luego cien, después...


  ¡Vivamos, Lesbia mía, y amemos, y todos los rumores de los viejos, 
  demasiado severos, valorémoslos en un solo céntimo! 
  Los soles pueden morir y renacer; 
  nosotros, cuando haya muerto de una vez para siempre
  la breve luz de la vida, debemos dormir una sola noche eterna. 
  Dame mil besos, luego cien, después otros mil, 
  y por segunda vez ciento, luego hasta otros mil, 
  y otros cientos después. Y cuando sumemos ya muchos miles,
  los borraremos para olvidarnos de su numero 
  o para que ningún maligno puede echarnos mal de ojo
  cuando sepa que fueron tantos nuestros besos.

Este es Catulo. Esto es Catulo.  Soberbio. Y lo escribió en el siglo I a. C. Y no oreáis que es un poeta dulzón. Cegado de amor y apasionado, sí, pero también tiene poemas donde su lengua afilada no tiene rival en el macarra más deslenguado.

4 comentarios:

  1. Preciosismo! :)
    ¿Qué tal poner algo de las kalendas?
    Es curioso!

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  2. Buena idea. A ver si encuentro algo simpático. Si no, nos tendremos que conformar con la explicación tradicional.
    Gracias por atreverte a escribir.

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  3. Es precioso, almenos para mi gusto, ademas en cierto modo en su poema ha incluido algo de filosofia, lo cual lo hace aun mas bonitoo :D

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  4. Preciosísimo, qué tierno, qué sencillo, precioso. Lo copiaré en mi barco una mañana de sábado.
    No te mando mil, pero un puñao, sí.

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